Me permito una licencia para publicar aqui algo de un amigo muy querido para mi, un breve relato que me encantó, y que refleja fielmente cosas que o también pienso. Próximamente escribiré yo también aqui.
Og’ Ima, el Árabe, refrescaba sus doloridos pies cuando en la lejanía distinguió su figura. Aquella silueta oscura ya no estaba lejos.
Sobre fina alfombra de arena ardiente, camina el viajero del Este. Al norte, sur, este y oeste el desierto aparece. Camina despacio, pues no tiene prisa. Con certeza sabe que aquello que hay un poco más adelante no es muy diferente de lo que dejó un poco más atrás. Pero no camina solo. De la alforja de piel de oveja que pende de su hombro asoma la minúscula cabecilla de un animal, un gatito. El pobre felino tiene el rostro desfigurado. Su ojo izquierdo se encuentra casi desprendido de su cuenca y su ojo derecho apenas puede abrirse; ya está casi ciego. Además, una cicatriz le cruza la cara desde el hocico hasta la frente. Magulladuras, abultamientos, piel desgarrada, lo sorprendente es que sigua vivo.
Su portador, un hombre alto y de figura esbelta, va de negro. Fino lino envuelve su cuerpo. Para proteger su cabeza eligió un gracioso turbante, en cuyo centro se aprecia una pequeña amatista. Su boca no está al descubierto, sino que la protege de la arena del desierto con un pañuelo también negro.
El gatito magullado y su portador allí están, en su peregrinaje por el desierto. Por fin alcanzan el pequeño oasis donde reposa Og’ Ima, el Árabe. El hombre vestido de negro, con sumo cuidado, deja su alforja en el suelo. Cariñosamente toma al gato deforme y lo sitúa en una de las orillas para que pueda sorber el agua, y así calmar su sed.
- Qué Alá sea contigo. Yo soy Og’ Ima, el Árabe. ¿Cómo os llamáis?-habló cordialmente al desconocido-
- Mi nombre no tiene importancia, pero si precisáis de una etiqueta para referiros a mí, entonces os diré que los que me conocen me llaman Mr. Hyde.
- Extraño nombre. Extranjero sin duda. ¿Venís de muy lejos?
- Así es.
- ¿Y viajáis solo?
- No-contestó dedicándole una dulce mirada a su pequeño compañero moribundo-
- Parece que ha sufrido mucho- insinuó refiriéndose al animal-
- Muchos le han hecho daño.
- Y por lo visto se ensañaron. Pero por Alá, ¿Qué mal pudo hacer este inocente gato?
- Ser fiel a sus amos.
- No comprendo.
- Su lealtad siempre estuvo fuera de toda duda. Jamás dejó solos a las personas que le importaban. Era cariñoso y atento. Avisaba si el peligro acechaba tras una esquina, y a pesar de su menudo tamaño estaba dispuesto a luchar si era necesario.
- Me confundís todavía más, pues ¿si demostró tal nobleza con sus amos porqué recibió tales castigos? –preguntó intrigado-
- Porque sus amos consideraron en algunos momentos que sus servicios no eran necesarios. De este modo descuidaron su protección. Los niños le apedreaban en la calle. El hambre lo desnutrió. El sol lo abrasó. Pero sobre todo, la ingratitud de aquellos que consideraba seres queridos destruyó su alma y sus ganas de vivir. Una noche, en la penumbra de las calles de Bagdad escuché sus lamentos. Lloraba por el único ojo que aún no había perdido, aunque ahora creo que el desearía estar ciego. Aquella noche, sus lamentos me conmovieron. Y entonces me habló ¨ Mátame o llévame contigo, o al menos deja de mirarme ¨. Decidí recogerlo, y desde entonces lo llevo a donde quiere, pues yo solo soy un siervo, un medio para conseguir un fin. Pero siempre es Él quien decide adonde debemos ir. Ahora Él es el amo y yo soy su súbdito.
¨ ¿Qué el gato decide adonde se a de ir? ¿Qué él gato es el amo?¨ Pensó el Árabe para sus adentros. ¨ Este extranjero está loco, bueno y cual de ellos no lo está ¨
- Usted también camina solo, ¿no es así?- preguntó el extranjero mientras observaba como el pequeño gatito se acicalaba con esmero-
- Por Alá que camino solo, y no solo eso sino que me he perdido. Y todo por mi estupidez.
- ¿A qué se refiere?-ahora el gato descansaba sobre los brazos del hombre de negro-
- Yo siempre he viajado en compañía. Hace unos días salí de Bagdad junto con otros once compañeros. Íbamos a cruzar el desierto junto con nuestro rebaño de camellos-se detuvo un instante, su mirada vacía se proyectaba hacia el horizonte-
- ¿Y qué ocurrió? – preguntó intrigado el extranjero-
- Verá, yo hace unos meses estaba en la ruina y esos compañeros me ayudaron a rehacerme. Me prestaron dinero, me dieron cobijo y comida hasta que pude comerciar con unos pocos camellos. Juntos reunimos un gran número de animales para comerciar. Ahora nos dirigíamos a los pequeños pueblos más allá del desierto a vender parte de ellos y comerciar con especias. Hace tres días nos encontramos con una caravana de esos moradores del oeste, ya sabe, esos asentamientos en los límites de los Oasis Perdidos. Y Allí estaba ella. La mujer más increíble que había conocido. Me enamoró. La segunda noche hicimos el amor, y la tercera me dijo que nos fuéramos lejos con el rebaño y que buscásemos la felicidad por nuestra cuenta. Aún no sé porqué la escuché. Cogí mis camellos y los de mis compañeros y me fui al día siguiente con ella. Ni siquiera me paré a pensarlo, no era yo. Abandoné a mis amigos por ir con ella. No me importó hacerles daño después de todo lo que habían hecho por mí. Sólo busqué mi beneficio, que yo estuviera cómodo. Al principio me alegré mucho de estar con ella cuando alcanzamos este oasis. Pero entonces, una noche me golpeó a traición y cuando desperté se había marchado con todo el rebaño. Y aquí me encuentro: solo, desorientado, sin ella y sin mis amigos. ¿Y ahora que voy a hacer?
- Yo puedo ayudarte, si tú quieres.
-¿De verdad? ¿Cómo?
El viajero se levantó despacio. Dejó a su amo sobre al alforja. Se aproximó al Árabe, situándose a escasos centímetros de él. Y entonces con una velocidad pasmosa desenvainó una daga oculta en una de sus mangas para colocarla en su garganta.
- Pero, ¿Qué estás haciendo?-gritó desesperado-
- Eres como ellos, como todos-habló pausadamente el viajero-Mi amo, ha sufrido mucho por gente como tú. Hipócrita, egoísta, débil de alma e ingrato. Ahora estás aquí solo, pagando por tus errores ¿y tienes la desfachatez de esperar clemencia? Después de todo lo que tus amigos han hecho por ti, y mira como se lo pagaste, con la deslealtad, abandonándolos por una mujer. Te voy a dar la justa ayuda que mereces.
-Por favor…por favor…-suplicó entre lágrimas-
Pero la mano del viajero no vaciló cuando cortó su garganta. Apenas unos segundos y ya estaba muerto. El gato deforme observaba en silencio. Emitió un leve gemido de satisfacción y continuó acicalándose.
El viajero enterró el cuerpo. Sobre su tumba colocó un pedazo de madera desprendido de una palmera. A cuchillo ensangrentado escribió un epitafio.
Aquí yace Og’ Ima, el Árabe
Como hombre libre tomó sus decisiones,
y como hombre muerto yace ahora bajo esta arena.
Volvió a colocar al gato en la alforja para después contemplar unos instantes el cielo.
- ¿Te ha parecido ver una puerta rasgar el horizonte?
- Miau-respondió el gato-
- Así es, yo también lo creo. Aunque aún es demasiado pronto. Caminemos un rato más si os parece, mi amo.
El oasis quedó a su espalda, el sol sobre sus cabezas, la arena sobre sus pies; y la oscura figura desapareció entre las dunas.